Cuba maricona

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LA ROBO -ILUSION TE HA TRASFORMADO EN

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Cuba maricona

Mensaje  Admin el Vie Ene 16, 2009 12:02 pm

Jesús Rosado

¿Cómo el sector masculino de una nación puede llegar al punto de extraviar su heterosexualidad? Pues nada más fácil que asumiendo a un épico practicante de la tiranía semejante al que aupamos los cubanos un 8 de enero hace cinco décadas, cuando el adalid de las cordilleras insulares hiciera su errolflynnesca entrada en la capital entre el arrobamiento de una multitud. Ya desde entonces, la cultura neorromántica de los varones criollos lo enaltecería al rango de chulo nacional, con todas las prerrogativas para disponer del destino de hogares, de ascendientes y descendientes y hasta de la normal evolución de la hormona demográfica. Eso lo corroboraba, por ejemplo, el hecho de que Él dispondría a qué hora un macho cubano podía levantarse y a qué hora acostarse, o dónde trabajaría, y a qué credo religioso tendría que renunciar, la música que escucharía, el pensamiento político a cultivar, o simplemente, cuál sería la gastronomía familiar de cada día. ¡Todo un machazo de gobernante! Tentacular, abarcador, castigador. Propietario de nuestras mujeres y vástagos. Con un enorme glande verde olivo, que dejaba rozar con más o menos turgencia entre nuestros glúteos, en tanto disponía movilizaciones agrícolas, trabajos voluntarios, campos de concentración, llamados al servicio militar y misiones internacionalistas. Y ciertamente, nuestros esfínteres cedían a la posesiva penetración, salvo honrosas excepciones encarceladas, torturadas y fusiladas que le daban sentido a la reivindicación de la virilidad soberana, pero que a la vez reafirmaban el alma amariconada de la mayoría. Por Él capitulamos y nos hicimos un mediocre número de identidad, por Él nos convertimos a la barbarie y gritamos paredón, por Él desembarcamos mercenarios en nosotros mismos. Porque, definitivamente, lo que siempre ha predominado en la Cuba del barbudo es el miedo del hombre al Hombre. La individualidad mutilada. La integridad castrada. La masculinidad flotando como un tul. Cuba fue perdiendo lo que le tocaba de pene para endiosar los cojones del “mito” antiimperialista, aunque ni la ciencia médica - ni siquiera un testimonio íntimo – justificara públicamente alguna vez la sacralización testicular del bugarrón en jefe. Lo que se sabe es que cuando hartaba el que nos sobara la raja del culo, le retirábamos la ofrenda de masoquismo y huíamos como mariposas violadas. Y si no lográbamos escapar, nos rebelábamos singándonos con los policías, los artilleros y los dirigentes del partido, convirtiéndonos en la orgía gay más nutrida, promiscua y leninista del Caribe. Y conste que no estamos resintiendo el índice desmesurado de homosexualismo alcanzado por la sociedad cubana en el último medio siglo, sino solo caracterizando el proceso de testiculocidio sistemático que ha vaciado el escroto vernáculo. Hasta el punto de que hoy se empina más entusiasta el clítoris de cualquier mujer cubana que colgadura hombruna alguna ¡Y todo por – y hasta echo mi suspirito - por el espíritu rosa de una Revolución que nos ha regalado esta fábula tan maricona a lo largo de cincuenta años y un machote que nos desquició a la machada transformándonos en rebaño de eunucos!
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